Estamos a finales de mayo. Ya han pasado unas veinte semanas de la declaración del brote de “covid-19” (nombre que acabó recibiendo la enfermedad) en China, y diez desde la declaración de pandemia por la O.M.S. Vamos conociendo cosas sobre esta enfermedad y su causante, el SARS-CoV-2, que antes no sabíamos. Pero algunas cuestiones bastante importantes quedan por esclarecer.

Empecemos por los datos que nos llegaron sobre este nuevo virus el pasado mes de febrero. De las tres cosas que se decían del covid-19: que era muy transmisible, que la mortalidad estaba en torno al 2%, y que excepto para el grupo de población más vulnerable, se pasaría como un simple gripe, sólo una ha resultado ser veraz: que efectivamente este SARS-CoV2 se transmite muy eficazmente entre personas, bastante mejor que sus predecesores, el SARS tipo1 y el MERSV. Las otras dos piezas de información estaban erradas: la mortalidad entre casos confirmados estaría en torno al 10% (en España); y se trata de una enfermedad que puede enviar a la UCI a cualquier persona, sin necesidad que ésta sea anciana o presente patologías previas. Repasemos algunas cuestiones relevantes sobre esta epidemia:

1.- Sobre el origen del virus, acerca del cual las evidencias apuntan a un origen natural a partir de animales salvajes, sabemos que la reserva de estos virus (y de muchos otros) son los murciélagos. Pero desconocemos el intermediario entre los murciélagos y el hombre. Puede ser cualquier especie de mamífero presente en los mercados de animales vivos y carne fresca que abundan en China. Hay además indicios de que los primeros contagios pudieron ocurrir con anterioridad a los declarados a finales de diciembre de 2019.

2.- Tampoco se puede saber con exactitud el efecto del aumento de las temperaturas en la primavera sobre el virus, ya que éste no ha circulado libremente entre la población. Por tanto, debemos pensar que la principal causa del descenso de contagios es el confinamiento y las medidas de contención.

3.- Hay evidencias de que las personas que han sido infectadas por el virus desarrollan algún tipo de inmunidad, pero todavía es pronto para saber cómo es de robusta y duradera.

4.- En febrero ya nos advertían de que la vacuna tardaría en llegar. Pero sí parecía seguro que en mayo ya se habría identificado algún fármaco eficaz para tratar la enfermedad. Pero no es así. El más prometedor (el remdesivir), está ahora rodeado de una controversia entre lo que dice la compañía farmacéutica y lo que dicen algunas publicaciones independientes. Supongo que depende de con qué “cariño” se miren los resultados de los ensayos clínicos. Otro medicamento, en principio prometedor, la cloroquina, parece que tiene efectos no deseables sobre el corazón.

5.- No hace falta ser un experto para
predecir que en algún momento esta epidemia debe terminar. Todas las epidemias
virales lo han hecho. La última importante (aunque ya olvidada por los medios),
el brote de Ebola Kivu-Congo de 2018-20, que ha dejado más de 2200 fallecidos
(con un 68% de mortalidad) y casi veinte meses de duración.

La evolución de los contagios de coronavirus a la baja indica que este brote estaría ya en fase de remisión. La pregunta es ahora si el SARS-CoV-2 volverá a surgir con nueva fuerza, quizás el próximo invierno. Yo diría que casi seguro que sí. Claro que para entonces estaremos mejor preparados (o deberíamos estarlo).

Luis Pérez García-Estañ

Más información en la web de la Sociedad Española de Virología.

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